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secreto a voces -2015- (Izar la negra, 2016)

“Habrá palabras nuevas para la nueva historia

y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.”

Ángel González

 

Fingimos que la mala suerte era un bache necesario, y llegó el día

en el que sólo nos preguntábamos el color del abrigo con el que nos iba a abrazar,

la tristeza, esa misma noche.

Como si todo, a las cinco de la mañana,

le quitara cualquier pequeño sentido que le hubiéramos podido dar, de día, al sol.

Cansados de presenciar milagros a pie de calle y decepciones entre las nubes,

asfaltamos el miedo haciendo, de la vida,

una carretera de un único sentido.

Y esperanza, lo llamamos,  sí,

y, otra vez, nos dejamos la cara y las manos por un dios

que, en el fondo, todos, sabíamos que no existía.

Y pintaron de rojo, y dibujaron cuernos, a todo el que quiso oponerse.

Pero si ellos son el demonio, lo siento,

está claro que elegimos mal el bando.

 

El olvido debe llevar un vestido de infarto

porque cada cuatro años volvemos a meternos, obedientes, en su aserradero,

y el mismo serrín de hacer con nosotros lo que quieren

es el que usan como confeti en sus fiestas, nuestras pieles

tapizan sus deportivos, y ya no nos queda más que aceptar que somos

nuestra principal razón, causa, excusa y motivo para ser tan, absurdamente,

dóciles.

Pero ahí fuera siguen sueltos los hijos del hermano bastardo, escondidos

en torno a sus hogueras, haciendo sonar sus tambores

para recordarnos que estamos en guerra.

Los que cuentan el gran secreto a voces: que las heridas en las manos valen más

que cualquier título nobiliario.

Ahí fuera, siguen los que tuvieron que cargar, como una droga cualquiera,

con una mala reputación,

los que no van a rendirse hasta ver el mundo, su mundo, arder.

Los que hacen de la madrugada un buzón de reclamaciones a la vida.

Ahí fuera siguen, pintados de rojo,

con la sangre de cientos, ahí

fuera, siguen, con los cuernos de corretear tanta mentira.

Y como decía, si ellos son el demonio, perdona que les diga,

está claro que elegimos mal el bando.

 

Así que no lo olvides, la próxima vez

que te cuenten como a un simple número,

que dios los crea, sí.

De acuerdo.

pero ellos, nosotros,

somos los que los esquivamos.

 

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