Publicado el

como en la partitura de un blues -2015- (Izar la negra, 2016)

“Estrechando la mano de dios,

echando un piti en un descanso entre milagro y milagro.”

Hovik Keuchkerian

 

La epifanía de sentirme, como en tu risa, en otra boca.

Quitar el punto a todas

las comas

como un lunar rehén de la memoria que, de repente, es libre,

y no recuerda quiénes eran los malos, de quién huía, o de qué

minúsculo reducto del desdibujado lienzo de tu cuerpo

fue robado.

El conjunto de obviedades que cargas a la espalda sobra tanto como tus dudas

al tocar la partitura del blues de nuestra historia.

 

Cuando nos alcance la realidad, el humo del piti entre milagro y milagro,

será lo único que nos justifique, la sonrisa de un niño,

lo único que no nos habremos atrevido a romper,

y el blanco, y el negro,

será el felpudo que habremos dejado en la puerta.

Fuera.

Fuera de nosotros.

Seremos la punta más alta del extremo gris de la caricia,

haremos de lo incorrecto un arte, de plantar un mástil sin bandera

una costumbre,

del beso a escondidas de nuestra propia sombra

un hábito.

 

Porque bastó –sólo- con dos cervezas,

un poco de hachís,

y un orgasmo sincronizado, habitación a habitación,

como dos amantes presos dándose la mano a través de un cristal,

pero no bastó sólo con una noche.

 

Y sí, admito la importancia de tu relación sonrisa-descaro,

fueron tus coincidencias, la fea costumbre

de aceptar cualquier casualidad como si se tratase del propio destino,

fue el usar la suerte como excusa, tus peculiaridades,

fueron ellas las que te hicieron presente en todas, y cada una, de sus acepciones.

Fue el abismo de detalles en la percusión de tu risa, verte

y no poder dejar de pensar en lo que Quique le hace a su armónica,

es este sentirte sueño al despertar, fue

asomarme a un puente, a la mañana siguiente, y ver que el que estaba de saliva,

hasta el cuello, era yo,

que era precisamente fuera del agua

donde no se podía respirar..