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raíces -2015- (La respuesta es no ser como ellos, 2017)

A David González,

por enseñarme a contar lo que nadie cuenta.

 

Cuando me preguntan de dónde soy

digo ‘natural de Cádiz’,

pero soy de otro sitio

y otra parte.

Un agujero, un pozo, para algunos:

La Línea es una ciudad,

dejó de ser un pueblo –para casi todo-

hace mucho.

 

En el pozo, el feudo,

y no por la tierra labrada, ni por labrar,

ni los castillos,

más bien porque, el poder, recae

sobre cuatro picas, lanzas altas, familias

de delincuentes de poca monta,

de políticos -que ya crían telarañas

de pasarse entre ellos los cargos-

y, también, por el honor:

La ley de la jungla, el código samurái,

o la total ausencia de estos.

 

En el agujero, una vez,

no tendría más de quince años, dieciséis quizá,

trataron de clavarme una navaja

en el instituto.

No recuerdo qué hice para merecérmelo,

simplemente salió de la esquina, a mi izquierda,

y, sin miramientos, dudas, y con una pésima puntería:

lanzó el brazo, casi sin mirar.

No falló,

pero aquí nada es una victoria.

En La Línea hay, según dicen desde ­­­­fuera:

Un sesenta por ciento de paro

y una veintena de coches de lujo.

En La Línea, según dicen los de dentro:

Todo el mundo es feliz,

pero, entonces, no entiendo:

 

¿Por qué nadie sonríe?

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