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sigue -2015- (Izar la negra, 2016)

porque bajo la lluvia de cristales

de veinticinco años esperando algo, o a alguien,

bajo todo este mar de cráneos

de tipos mucho menos valientes que nosotros,

en mitad, de todo este carnaval, tú

has ido a poner de moda la desnudez.

Sigue porque en la oscuridad de este manto de estrellas, el único

buen final para la película, es la sorpresa de un sol

entrando por las rendijas de la persiana.

 

Sigue y, ahora, dime, qué hacemos

con todas estas pisadas de barro en la memoria, todas las promesas

de vernos otro día al cerrar un bar cualquiera por la mañana,

este inventario de piezas que no queremos encajar, la ropa mezclada

por el suelo como una partida de ajedrez perdida en la que no dejas de corretear a tu rival.

Qué hacemos con este juego de sombras para la timidez,

con esta happy hour de todo, menos, precisamente, cerveza,

con este racimo de balas oxidadas en el cajón

de una mesita de noche que ni te atreves a abrir

por miedo a que, dentro, fuera a esconderse tu suerte.

 

¿Cómo no hacer algo?

si oigo tu voz, y el blanco y negro del día se vuelve una bandada de hadas,

y tengo clara la melodía, pero no sé, bien, -y eso es lo que me encanta-

cómo llamar al baile.

Si sólo entiendo tu cariño en formato, lady, take a ride on the wild side

¿Cómo no tomarte en serio?

Qué otra cosa decir si con un simple golpe de balanza dijiste ‘mira

hasta aquí, no

busques

más’.

Qué otra cosa que no sea repetir, una vez más:

Sigue.

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