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haizea -2015- (Izar la negra, 2016)

Hoy vuelvo a abrir el cobertizo de augurios

trato de poner algo de orden, traer algo de luz

a este aquelarre de brujas, este cementerio indio donde me escondo

para justificar maldiciones y fantasmas.

El tiempo vuela, pero estamos acostumbrados.

Supimos llevar, como si supiéramos desde un principio,

la impaciencia de unas cremalleras, como ritmo.

Ahora hasta asusta

el sabor de ciertas ilusiones, en la boca,

el gusano con aspiraciones haciéndose fuerte en mitad del estómago,

pero aquí, lejos de aquello, sólo queda una china pasada,

un mechero picado, y tu voz,

retumbando en las paredes:

“Córrete donde quieras, pero hazlo.”

Sólo eso.

El único contrato que me hiciste firmar, tú

que eres tan humilde que lo quieres todo,

me otorgaste la libertad en formato frase,

la magia hecha un

solo

instante,

tener que replantearme, de nuevo,

todos esos sitios a los que dije que nunca llegaría,

todos esos sueños que guardé en un cajón con intención de olvidarlos,

todo lo que pensé que jamás ocurriría.

 

Quiero que sepas, y siento las formas

-mis castillos de aire no se sostienen sin una tormenta de vez en cuando-

que entendería las medias lunas de miel, los mensajes a deshora

el complot de inseguridades que, te aseguro, ya,

nos está esperando;

todo ese mundo deseoso de juzgar las cenizas

sin haber visto, siquiera, parte del incendio.

Pero es que se oyen tantos disparos que es normal

tenerle miedo a levantar la cabeza.

 

Quiero enseñarte la honestidad en una borrachera,

la diferencia entre lealtad y fidelidad viendo pornografía,

la esperanza en formato after

abierto

a las diez de la mañana

Quiero limarte asperezas con los dedos, probar

el sabor del miedo en tus dudas,

lamer el silencio, en mitad de todo este ruido al que estoy, ya, demasiado acostumbrado

En resumen, quiero enseñarte que, la luz,

al final del túnel,

si me dejas, pequeña,

puede ser un interruptor.

 

Quiero besarte esas manos delicadas de moldear

las sombras de toda una generación,

suaves de regalar cientos de alas sólo para poder

mirarlas, a todas,

como si fueran las primeras que ves.

 

Quiero que entiendas que fuiste tú quien, sin querer, me enseñó qué era llevar el punk en la sangre,

de jazz en la boca; tener un blues, por llanto.

Quien empezó a escribir mi  vida en partituras,

quien me amplió a un solo objetivo.

Eres tú quien prefiere salir cuando llueve,

quien mira los pies de la gente que sabe volar,

quien no cree en ninguna bandera

y, justo por eso, tiene al mundo entero

de rodillas.

 

Eres tú porque hasta cuando, haciendo el idiota,

creyéndome maestro en todo, y demostrando, una vez más,

no ser aprendiz en, absolutamente, nada.

Cada vez

que yo, fantaseo con jaulas, y cadenas,

cada vez que trato de cometer el error de agarrar

las riendas de tu vida

sólo me llevo un puñado de plumas.

Eres tú porque cuando, cansada de perder trenes,

decidiste sabotear las vías,

yo supe hablarte de aviones.

 

Hoy hace un día perfecto para sacar al sol las posibles soluciones

a los planes que debo, y no sé si quiero hacer,

barrer de dentro hacía fuera todo este mausoleo de nuevos documentos de texto,

airear todo este bullicio de ideas donde floto bocabajo,

donde apenas me mantengo, desde que cruzas esa boca

de metro, que anuncia otro sinfín de días sin verte.

Tiempo de descuento para girar el tambor del revolver

con el que cambiaste el mundo,

con el que hiciste de cada gesto, una caricia;

de cada caricia, una lucha.

Eres tú porque sólo entiendes el idioma abrazo a punta de pistola.

 

Lo dicho, hoy hace un día perfecto

y menudo insulto, después de todo,

todos los días sin ti

deberían ser grises.

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