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fragilidad guerrera -2016- (La respuesta es no ser como ellos, 2017)

A María López Morales y a Maya

porque ese corazón tan grande sólo puede ser compartido.

 

“Hay gente que entra en los bares huyendo de la soledad

y lo único que consigue es ponerle música de fondo.”

Karmelo C. Iribarren

 

Es el palpito de que, cuando llegue al filo de la navaja, no va a quedar nada que cortar.

la certeza de tu cuerpo de cera y yo incendio;

la fragilidad de una guerrera

Pensar que la única forma de recorrer contigo una vida es quitándotela.

 

Qué esperas de mí si apenas me sostengo,

si te siento tan cerca que no sé por qué te escribo tan bajo.

Si sólo tenía una mano y te llevaste mis mejores cartas.

He estado dando bandazos desde entonces, esperando,

pensando cómo hacerlo, y, a ser posible, bien.

Apostando más de lo que nunca tuve, aprendiendo

a sentirme cómodo en la derrota.

Y, después, como un mazazo en mitad de la balanza, una apología al caos

un ‘puestos a mancharnos las manos, hagámoslo juntos’,

cabalguemos hacia la extinción con el corazón, como un puño,

en la mano

y todos nuestros sueños en la otra.

Cómo explicarte que no quiero nada más allá de este aquelarre de cervezas y noches sin fin,

pero que cada susurro fue, como cada desilusión, como cada mirada anterior a esa,

como cada noche sin pegar ojo,

verdad.

Como cada ‘te quiero’

disparado como si se fundiera en la lengua, cada guiño al cielo

esperando lucrarse de la caída de alguna estrella,

cada vacío,

cada canción de warren zevon mientras te echo de menos, y fumo

ese cigarro que siempre te reprochaba, al salir de la cama.

como la inevitable muerte, como este vendaje en la herida

que somos nosotros:

Verdad.

Y, ahora que vamos mendigando amor como quien pregunta qué fue de la lluvia,

ahora que vamos sobreviviendo con abrazos a medias y besos enteros.

Ahora que tenemos claro que, o morimos callados, o lo vamos a llenar todo de reproches,

Ahora, todo podría resumir en que fue un buen baile, y, como en uno,

voy a servirme otra copa y clavar

mi codo en la barra, a preguntarme,

entre sorbo y sorbo:

Si está bien

 

¿Por qué duele tanto?

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