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el chelista -2016- (Obra viva, 2017)

“Me gusta leer el dolor y el triunfo del que es capaz de barnizar su propio ataúd

para que brille bonito si la vida lo mata.”

Ana Milán

 

Siempre me cruzo con la misma figura

al salir e ir al trabajo, en el teatro de Gran Vía:

Un chelista, de unos cincuenta y cinco años

tocando en calle Preciados clásicos y bandas sonoras.

Me gusta imaginarme su vida

qué le llevó a estar tantas horas tocando

frente a toda esa muchedumbre desagradecida.

Pienso en un chico que sufrió

la tortura de unas clases particulares que no quería

para cumplir el sueño de alguno de sus padres

y ahora lo usa para poder sobrevivir.

O imagino a un laureado músico de orquesta

envuelto en algún escándalo

que lo arrastró fuera de teatros y auditorios.

De ahí saco su orgullo, esa mirada tenaz

de turnos libres de ocho horas

por la voluntad de otros.

Lo que no entiendo, es cómo

cuanto más se acerca el invierno, nos llenamos de capas

nos miramos más cansados, más viejos

y menos gente se para a escucharle

 

suena aún mejor.

 

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