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castillos de humo -2014- (Izar la negra, 2016)

En esta calle, el humo,

toma forma de interrogante al acercarse a las farolas

y pensar en cuando todo eran sonrisas a quemarropa, esquemas

de miradas opositando a sueños aún por pedir.

Contacto.

Ahora, la única compañía parece casi inventada

la figura de un vivo muriente que intenta dormir, y no puede:

tiene muchas cosas en la cabeza, y ninguna

en los bolsillos.

Arropado con una manta roída y un acordeón que no sabe tocar,

cansado de simular unos brazos que, se suponía,

repartían pases a una vida mejor.

Me pide fuego, y me hace una pregunta:

“¿Qué harías si la mujer de tus sueños

se cruza con la mujer de tu vida?”

Supongo que correr, le digo,

pero no sabría con quién.

Su amago de sonrisa hace castillos de aire

con el humo.

El móvil no tiene batería, pero el silencio,

roto, de un camión de la basura,

como un reloj suizo, te anuncia que es justo la hora

en la que no deberías estar por la calle.

Ya en el portal, me río

me ha picado el mechero.

 

Supongo que a eso se refería:

uno nunca elije cuándo quemarse

o cuándo dejar de hacerlo,

pero salir corriendo no va a encenderte los cigarros.

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