inconfesiones -2013- (Circo de quimeras, 2015)

Hay tantos momentos en los que querría hablarte,
tantos tréboles de cuatro hojas escondiendo una, por si los lobos…
Tú sabes.
Vuelven.
Hay toneladas de jazz sueltas por ahí,
jugando a hacer sonreír un mundo que hace lo imposible
por destrozar todo lo puro de sus habitantes.
Y yo, no hago más que sentirme más víctima y menos verdugo
aferrándome a lo poco que me llena,
agarrándome desesperado al bordillo de unas poesías
que escribo como mías y ni me pertenecen.
A menudo llego a casa y me siento como un crío
apretando los dientes como si el corazón fuese a salirse de la boca,
cerrando los ojos y repitiendo para dentro:
‘Venga va, se acabó la broma.
Vuelve.’

No hubiera sabido terminar un beso de despedida.
Perdóname.
No hubiera sabido cómo afrontarlo de otra forma que no fuese
la de siempre:
Ahogarme en un mar de faldas
por si sonaba la flauta y alguna resultaba ser,
no sé, la tuya.

Sigo perdido en mitad del desierto buscando a un par de palmeras
a las que poder culpar de todo el verde.
Y es que, a veces,
creer en algo sólo sirve para poder echarle la culpa.

Tengo un mural de sueños a los que les quitaste la ese,
y ni ganas de dormir me has dejado.
Descansar desde entonces ha pasado a ser una consecuencia
a la caída de los párpados por sobrepeso
de malos augurios.

Te mereces sobrevivirme.
Sólo por eso me he censurado todas las estupideces,
los ases en la manga
y los dados trucados.
Solo,
y por eso.
Seamos realistas:
Nadie se va a morir por nadie, pero vivir…
eso ya es otra historia.

Intenté ser feliz.
Creé un mundo,
solté una enfermedad y le puse tu nombre.
A pesar de todo,
sigo manteniendo aquello de que quería morir contigo,
pero ahora es por tu culpa
a lo máximo que puedo aspirar.

Estoy al borde del colapso por decisión propia
e incluso, ahora,
cuando necesito recordarme cada diez minutos aquella frase de Seven
para poder justificar el derrumbe,
sigo preguntándome en qué estarás pensando.

Tres cuartos de mi vida están tan jodidos que siguen esperándote,
el otro ha venido hoy a decirte que he conocido a alguien.
No se parece a ti en absoluto
y eso lo acepto como un regalo.
Nunca será tú,
nunca cumplirá el mismo papel, ni intentará llenar ese hueco
posiblemente no tenga ni medios
para llegar a quererla,
pero me ha hecho escribir y ya sabes que,
para mí, eso es mucho más íntimo que el sexo.

La última vez que planeé algo fue nuestra historia y, al final,
me di cuenta que soñar es mucho más fácil que crear.

Ella es, no sé,
insultantemente hermosa.
Esa era la expresión que andaba buscando.

Quería decirte que sigo teniendo tu nombre como contraseña
pero que, cada vez,
necesito de más intentos para escribirte correctamente.
Y que te sigo mirando,
pero ya no tanto como antes.
Eso me lo tomaré también
como un regalo.
Lo acojo con las manos bañadas en sangre y le digo al futuro
que venga,
que siga girando
y que no pierda ni por un momento esa sádica mueca macabra,
porque ya no hay olvido alguno
que nos vaya a ganar la partida.

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