rotos -2014- (Izar la negra, 2016)

Yo soy como un perro que persigue coches,

no sabría qué hacer con uno si lo alcanzara.

El Joker.

 

No intentes arreglar a alguien que está roto.

No trates de reconstruir, ni de tapar

las fisuras con un cemento pretencioso

-que no es más que ego, bajo la mesa-.

No trates de buscar la cosquillas, los entresijos

de cada verso, no quieras

ser la siguiente página de la historia,

no quieras hacer que cambie de página:

un poeta sufre igual que tú,

vive y muere igual que tú,

canta en la ducha igual que tú,

pero es capaz de vivir en varias

páginas, y tiempos,

a la vez.

 

No trates

de recomponer a alguien que vive por piezas.

Él fue quien eligió de qué pedazos

desprenderse,

qué pedazos dejar atrás,

sin qué pedazos podía,

o quería,

seguir viviendo.

Él necesita de esa disconformidad

con su mundo, ese rechazo

al ser humano, particular o general,

a la sociedad, a las redes sociales,

a los políticos, a sí

mismo.

El poeta es un perro que se ha pasado toda la vida

persiguiendo coches:

no sabría qué hacer si algún día alcanza uno.

 

El poeta podría curarse, como cualquiera.

Si no lo hace es porque

cada grieta,

cada roto, cada retal deshilachado,

forma parte de un mango

y en la sartén sólo cabe él,

y el fuego que la calienta no es otro

que la propia vida

que no puede darte.

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