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es mía mi oscuridad -2017-

“Creo que he enamorado a mi peor versión

porque ahora no quiere salir de mi casa.”

Luis Fercán

 

Como un reloj de cuerda

roído del uso

me repito en mi absurda programación­

 

Creerme capaz,

afianzar las raíces

escenificadas en casas prefabricadas

que llegan a la cola de pick ups,

potenciar la esperanza hasta meterla

en latas de cerveza con forma de botellín:

 

Aceptarme, fracasar, olvidarlo

volver.

Todo bucle del bucle

como el tiempo que se va y no vuelve

como la oportunidad perdida

que no diste ni por lejana.
A veces, quiero

como si este odio no me perteneciera

como si este odio no viniese conmigo

como si este odio no existiera

y pudiera quererme

y pudiera amar

como hacen los demás

 

pero no es mío el mundo de los plenos

mío es el camino de los que no saben hablar

fuera del poema.

No es mío el final feliz, la casa

el buen vecino que deja el cortacésped y sonríe

y te invita a ver el próximo partido

que me da tan igual

en su salón

con su mujer y sus dos hijos.

 

No es mío el trabajo anodino

ni el capataz y su látigo

ni el reloj con sus horas y citas

ni los coches, las fluctuaciones del gasoil

o las bajadas de la bolsa.

 

No es mía la vida plena

pero sí es mía la oscuridad

y su promesa de luz

y su futuro de descubrimiento

y su incolora esperanza.

 

Es mía la soga, la duda

el miedo que me da de comer

el bolsillo descosido

los libros de poemas y su pena.

 

No es mía la plenitud

ni la luz y su cuenta atrás

mía es la oscuridad

y su curioso pacto

con la vida.

Un comentario en “es mía mi oscuridad -2017-

  1. ¿Cómo es posible que nadie haya comentado esta entrada? Esto de fijarnos en el amor se nos va de las manos. Aquí tú, más que poeta, eres filósofo que respira los contrastes sin los que la vida es incoherente. Eres ojos que ven más allá del sentido de la vista, donde uno puede percibir lo inmaterial y convertirlo en material poético. A fin de cuentas, diría que eres tú como persona, porque para mí uno siempre deja algo de sí mismo en el verso. Tampoco me hagas mucho caso, al final del día soy una anécdota. Te mereces un éxito moral (que no comercial) que no puedo transmitirte. Agradecida igualmente.

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