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como el plomo -2016-

A veces, seguir luchando,

pensar que ayudas a abrir

la mente de alguien,

pesa

como un trago de plomo.

Veinticinco de junio de dos mil dieciséis

y me encuentro debatiendo, a una noche

de la gran batalla, con un rival que no es mi enemigo;

con una persona que ni sabe a quién ayuda.

Mucho menos por qué.

 

Sin saber que luzco esta voz de soga para perder el aliento en cada salto,

para gritar: <<desobedece>>, para meterte en la cabeza que, decir: <<no>>,

de vez en cuando,

es un derecho humano.

Para tratar de prender fuego a la venda

húmeda

que decoramos sobre nuestra mirada,

como una camiseta de futbol

cuando se detesta el juego.

 

Pero, huir, de donde no se te quiere,

es un instinto que no puede enseñarse

y cuando se abra el telón, seremos el centro

del escenario, de la pista,

nos seguirán con la mirada, curiosos

como niños en el zoo,

se reirán de nuestros chistes, de nuestra nariz roja

tatuada con sangre, y fingiremos

no saber qué hacemos ahí, ni por qué

se burlan de nuestra desnudez.

Tiritando entre sollozos

fingiremos la sorpresa

de la oveja frente al lobo, y creeremos haber descubierto

la panacea de la masa, el alivio del apoyo

del resto de la gente, del resto de víctimas.

 

Pero, tarde o temprano,

como en esta semana antes del gran día,

acabarán por adoctrinarte.

Te enseñarán el peligro del igual, el riesgo al cambio;

que todos los que quieren lo que tú

van a querer quitártelo.

Como si lo tuvieras,

como si no te hubieran quitado hasta la vergüenza ya

y no tuvieras fuerzas

a ejercer el derecho a la esperanza.

 

Pesa como una bala alojada en el estómago

estar a una noche de la batalla final

y ver un mundo ebrio de rumores,

falto de ilusión, consumiendo su escorbuto

como si fuese a cegarnos;

confiando en su inocencia como conformes al inminente desastre.

 

Pesa como un trago de plomo

lidiar con la vergüenza de uno mismo

al pensar varias veces al día:

<<¿y esa opinión, ese voto,

vale igual que el mío?>>

El vapor ácido de la impotencia

rebosando de una copa

que una vez estuvo llena de brindis por hacer,

de juegos de niños en el parque, a salvo

y con el estómago lleno,

de salas de teatro a rebosar,

de conciertos en los que el cartel lucía un nombre

y no una marca más a su servicio.

 

Volverán a ponernos a todos en contra, nos enseñarán

momentos brillantes de tiempos mejores

-en los que ellos no estaban-

y nos prometerán llevarnos allí.

Entonces creeremos en la mentira como si viniera envuelta.

 

Quizá sea pronto para el cambio.

Quizá aún somos pobres de mirada para la revolución.

Quizá todavía somos pocos para hacerles frente

pero, cuando todo esto ocurra,

cuando te veas, como yo, como otros,

bailando para ellos en el centro del circo,

soportando el peso de sus miradas altivas,

no sientas vergüenza.

Otros soltaron la espada antes, otros se unieron a sus filas

con miedo,

aceptando la limosna de un día más.

 

Cuando todo esto ocurra, no te preocupes:

podrás contar conmigo.

Lo que sí que pesa,

como un trago de plomo,

es rendirse sin haberlo intentado todo,

de nuevo,

una última vez.

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