El enemigo

La anécdota y alguna de las citas textuales pertenecen a Alberto García-Alix
y a él le dedico el poema.

 

Muerto no
lo matamos
se descosía la mujer
semioculta de vergüenza
tras una copa de ron añejo y cola.

Lo engañaron
estaba con resaca
puede que borracho todavía
le dijeron de subir aquella montaña.
Dos horas de camino empedrado
de resaca
que sufra un poco, el cerdo
le oía pensar a su madre
o eso dijo.

Una vez arriba
le dimos una lata de cerveza
queríamos que le oliese
más aún
el aliento a alcohol
por razones obvias:
para que no preguntase nadie
que no hubiera dudas.

Entonces lo empujaron

monte abajo
rodando sobre si
llenándose de polvo y desgarrándose
su camiseta de los domingos
la camiseta del trabajo
la de hacer deporte cuando antes lo hacía
el muy cerdo era guardia civil
hasta los domingos

Ni se me pasó por la cabeza
preguntar qué lleva a una hija
y a su madre
a asesinar
a sangre fría
a su padre

a su marido.

El cerdo debía merecérselo
pero bien
no cabe otra.

Vimos cómo se abría la cabeza en el primer salto
y entonces nos quedamos tranquilas.
El otro día fui a follar a esa misma montaña

No lo dudé ni un segundo.
El cerdo se lo tendría bien ganado.
Merecido
¿Justicia?
No:
represalia.

¿Por qué le cuentas esto a un desconocido?
¿Por qué le cuentas esto a alguien?
Por qué me lo cuentas, quiero decir

Porque no eres el enemigo
y se te va a olvidar

Y se equivocó
sólo en una cosa:

No,
no se me ha olvidado.