grito de guerra -2012- (Circo de quimeras, 2015)

Somos de otra pasta,

otra generación,

“ser feliz no es más que una decisión”

y yo nací en la época en la que los caballeros se oxidaban

no por el paso de los años

sino de frotarse tanto la armadura con un orgullo que no merecían.

Así que me desnudé y me fui a darme de bruces con la vida

a jugar a las damas con lo peor de mí, yendo a ganar

a encontrarme de golpe y sorpresa con la reina que todos buscamos.

 

Cada vez hay menos hombres de hechos

y empiezan a sobrar los que rezuman palabras como si la poesía fuese gratis

y no nos pasase después la factura.

 

Detesto que ya no se valoren los ‘te quiero’

porque os ocupasteis de violar esas ocho letras tanto,

que ya ni se molestaban en gritar auxilio.

 

Puede que todos nos hayamos vuelto un poco más malos

pero eso no es excusa

para olvidar que antes

se abrían las cervezas con la boca,

te desollabas las rodillas si querías divertirte por las tardes

y se arrancaban las flores del suelo para dejarlas bajo las ventanas

y pedir besos como rescate.

 

Que el mundo sea una mierda

no da derecho a prostituir los principios

sólo para obtener supuestos finales alternativos,

ni derecho a olvidar que hay gente

que una vez intentó empezar a fumar y lo dejó por imposible,

gente que olvidó el sabor de su primer beso,

el tacto del sudor en su último polvo

o el olor del champú con el que su madre los bañaba de pequeños.

 

Que todo va de eso,

versos versus besos,

que hay que pelear con uñas y dientes por la Reina

-la de Picas-

que los corazones ya los ponemos nosotros.

Y si se rompen,

con dos cojones

luciremos las cicatrices a modo de declaración de intenciones.