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La chica del vestido blanco

 

A Cristina.

“No era mi día. Ni mi semana. Ni mi año. Ni mi vida.”
CHARLES BUKOWSKI

Recuérdame, chica del vestido blanco, por qué pestañeé contigo.
Hoy he vuelto a pensar en ti, y me ha costado respirar.
Como si ahora me atragantase por la magia recibida
o por la ausencia de ella.
Sólo sigo siendo ese idiota que prefiere presumir de haberte perdido
que coger un cigarro
sentarte en un banco cualquiera
y explicarte por qué
me pesan tanto estas manos, por qué
tengo miedo, porque tengo miedo
no es la primera vez que me oyes decirlo y es la verdad
estoy acojonado de hacerte preguntas
y no aparecer ya en tus respuestas.

Sigo dándole vueltas a todo, chica del vestido blanco
cuando me decías que siempre estarías para mí
te juro que me imaginé otra cosa.
No perdiste las alas ni en mitad de la huida, nunca
dejaste de ser exacta, ni siquiera al enamorarte de nuevo
ni siquiera al aceptar mi propuesta de distanciarnos
absurda, por cierto, ahora que la veo
no sé en qué momento pudo parecerme buena idea no saber de ti.
y, a pesar de nunca estar a tiempo a la hora de la verdad
nunca me pierdo el inmortal estado en línea
en todas las redes en las no terminamos de borrarnos
por pánico, orgullo, o quiero pensar por si algún día recordamos qué
nos dejamos sin decir
de qué nos arrepentimos
qué no volveríamos a hacer
y, por fin, nos damos cuenta de los estúpidos que fuimos
colgando el hábito, y la espada
en la pared de una habitación que, ya
nunca iba a ser la nuestra.
Nosotros
que tuvimos tantas.

Me siento como otro muchacho de más echando de menos cuando no debe
otro pequeño llorando solo en una esquina
con las rodillas destrozadas tras su primer viaje en bici sin las ruedas de atrás
como aprender a saltar al vacío sin paracaídas
o como acabar en mitad de un naufragio sin saber, apenas, nadar.
Jamás pensé que fueses a doler tanto.
Dime
si la esperanza es lo último que se pierde
¿Qué
cojones
perdimos, nosotros
primero, chica del vestido blanco?
Dime ¿Qué opciones tuvimos
si desde el principio fuimos dos ceros soñando con sumar?
¿A qué turbio titubeo debo agarrarme ahora que no me bebo tus cantos de sirena?
¿Qué clavo ardiendo no va a apagarse cuando no estés?
Dime, cómo voy a lucir este traje de luto bajo trinchera
si eras tú la única guerra que merecía la pena.
Dime, chica del vestido blanco
cómo hago ahora para quedarme con la poesía
si te llevaste, encima, todos los poemas.

Lo hemos hecho tan mal que cientos de efectos mariposa
deben estar maquinando colocarnos en un bar como este
para decirnos
con la boca llena de rabia
todo lo que nos ha quedado pendiente.
Para decirte, chica del vestido blanco:
¿Por cuántas cervezas
me canjeas un parasiempre esta noche?
¿Cuántos equilibrios tengo que hacer, sobre estos dedos, para que me creas?
Dímelo
no los tengo para otra cosa.

Quédate y hagamos de estas horas un racimo de sueños
déjame verte sonreírme con los ojos una vez más
ignora a tus amigos. Sabes de sobra que el mar no cabe en ninguna caracola.
Abramos de par en par las ventanas: no te concibo sin un poco de espectáculo
y tápame la luna con tu silueta:
no dejes que me pierda ni un solo detalle.
No lo entiendes
chica del vestido blanco
yo sólo venía a decirte que, en este metro cuadrado de sudor, aún cabemos los dos
que bajo este sombrero no siempre llueve
y que, si dejé un rastro de arena
unas huellas
grabadas en la tierra
no pretendía hacerte más daño
era por sí, algún día
reconsiderabas
volver sobre tus pasos.